Mango

La dulzura invita a la felicidad y a sonreír, mientras que sus cualidades nutritivas revitalizan el cuerpo después de que el calor y el agotamiento del verano. La exuberancia del mango proviene de su color naranja, un signo de betacaroteno y por eso es un tónico para la piel y los ojos. También estimula el hígado y el metabolismo, aumentando los niveles de energía y haciendo del mango un excelente tónico hepático. El mango pertenece a la misma familia que la castaña de caju, los pistachos y la hiedra y su por ello su piel provoca alergias en algunas personas. Mientras que un mango suave y bien maduro es refrescante, un mango verde es picante por naturaleza e incluso puede provocar entumecimiento de los labios. La textura fibrosa del mango es un indicador de fibra insoluble, lo que combinado con su sabor agridulce, lo convierte en un excelente laxante. Su textura suave y carnosa (indicativa de su efecto demulcente) alivia los tejidos inflamados y previene el estreñimiento seco. Las propiedades diuréticas del mango pueden utilizarse para depurar los riñones, mientras que las propiedades estimulantes del betacaroteno purifican la sangre y el hígado. También es rico en hierro, lo cual es beneficioso para la anemia. Existe cierto desacuerdo sobre si los mangos se pueden combinar con leche o yogur, como en la popular bebida «lassi de mango». Aunque los lácteos combinados con fruta son técnicamente incompatibles puedes consumirlo de forma ocasional si no te sienta mal. Combina muy bien con menta, cayena, lima y otros sabores intensos. Al elegir un mango en la frutería, huele la parte del tallo para comprobar si huele dulce. Los mangos están maduros cuando están ligeramente tiernos y suaves al tacto, sin embargo si esta verde tambien lo puedes comprar pues los mangos verdes maduran bien a temperatura ambiente. Los mejores mangos son los que tienen menos fibra.