¿Sabías que hay alimentos al borde de la extinción? El tomate de monte ó Solanum Betaceum, es uno de ellos.
También se le llama Sima, tomate de La Paz, tomate de Lima, tamarindo, pepino de bosque, tomate de árbol, berenjena, sachatomate, yuncatomate, tomate silvestre, gallinazo, tomate de palo, chimango de tomate, tomate de serra, ó tamarillo.
Es un fruto nativo de la ecorregión de las Yungas, de sabor agridulce con una coloración que va desde el anaranjado hasta el rojizo y de forma alargada a ovoide, variable de acuerdo al origen de las poblaciones.

El fruto presenta propiedades nutricionales, fuente de vitaminas y carotenos, además de rico en fibras y bajo contenido de azúcares. También es considerado un alimento funcional porque contiene polifenoles, fibras y antocianinas que tienen un efecto benéfico para la salud.
Según los especialistas, era consumido tradicionalmente por las poblaciones originarias, quienes la recolectaban o bien cultivaban mediante un proceso sencillo de domesticación, por lo que aún hoy se pueden encontrar plantas en huertos o en jardines familiares del Pedemonte tucumano.

Se puede comer crudo y cocinado, aunque la piel siempre se elimina debido a su sabor amargo. Cuando están maduros, se comen crudos como una fruta fresca. Por lo general, se cortan por la mitad y la pulpa se extrae y se consume directamente con las semillas que son suaves y comestibles. Pero también se puede utilizar en la preparación de conservas, mermeladas, postres, pasteles, purés de frutas, helados, jugos, ensaladas de frutas o incluso reemplazar los tomates verdes en ensaladas y sándwiches. Se puede consumir en almíbar como postre, que se prepara cociendo brevemente en agua las frutas enteras con sus tallos, para suavizar su piel. Después de preparar una mezcla de miel, canela y clavo de olor, las frutas peladas se agregan y se dejan hervir hasta que alcancen la consistencia adecuada.

En su estado pre-maduro, cuando las frutas toman el color naranja, el tomate de monte se utiliza para preparar una salsa de chile, picante, que se suele consumir como aperitivo. Se asa ligeramente a la parrilla, lo que facilita la remoción de la cáscara (exocarpio), luego se muele con ají y sal. También se usa para preparar guisos.
Y no debe olvidarse su importancia en la medicina tradicional andina, región de la que es originaria. Esta especie se estableció en los Andes sudamericanos en lugares de 1800 a 3000 metros sobre el nivel del mar y ahora se encuentra dispersa en todo el mundo. Se sabe que el tomate de monte se cultivó desde la época prehispánica, del siglo XII al XVII, y se han descubierto modelos de arcilla de la fruta en las tumbas prehispánicas.
Actualmente se cultiva desde el norte de Argentina (en las provincias de Jujuy, Salta y Tucumán) hasta México, el Caribe y el sur de Brasil, donde generalmente se encuentra en cercas, patios y pequeños jardines y se extiende también a áreas subtropicales como Nueva Zelanda, el sur de Europa y áreas tropicales de otros continentes como India, Nepal y el sudeste de Asia. Sin embargo, se considera hoy en día extinto como un cultivo comercial. Las poblaciones silvestres son pequeñas y solo se pueden encontrar en áreas restringidas de Argentina, pero la fruta a veces se vende en mercados regionales donde todavía se consume regularmente.
El sabor del tomate de árbol o tamarillo es agridulce, varía según el punto de maduración, y evidentemente, según la variedad, la piel suele desecharse porque resulta algo amarga. Es un fruto que se puede consumir crudo o cocinado, en platos salados o en postres, es muy habitual hacer mermeladas, chutneys, zumos y salsas picantes o especiadas con tomate de árbol, tanto como abrirlo por la mitad, espolvorear azúcar y comer directamente con una cuchara, como en ocasiones se hace con los kiwis.