Hoy me ha llamado la atención el PIÑÓN, semilla de la Araucaria Araucana ó Pehuen, un majestuoso árbol autóctono de la Argentina, en la provincia de Neuquén y del sur de Chile.
Es una semilla extremadamente nutritiva, alimento básico para la comunidad mapuche, que la consume hervida ó tostada. También utilizan los piñones para producir bebidas fermentadas, puré, la cazuela (sopa tradicional), las empanadas y los sopaipillas.

Los piñones se cosechan en Abril y Mayo. Los recolectores suelen esperar hasta que los conos -que están a una altura de más de 20 m.- caen al suelo, ó los golpean con una cuerda con una piedra ó un poste con un extremo curvado hasta hacerlos caer. Otros recolectores suben por los árboles para sacudir las ramas hasta que se rompan. Los mapuches lo consideran un árbol sagrado capaz de poner en contacto a los seres humanos con los espíritus y darles paz interior. En el pasado los piñones se comían dentro de las familias y se utilizaban como medio de permuta que permitía a la comunidad obtener maíz y trigo, cereales difíciles de cultivar en esta zona debido al clima.

A comienzos del s. XIX comenzó la grave degradación de las áreas de Araucaria Auracana para proporcionar áreas abiertas para la ganadería y comenzaron a escasear estas valiosas semillas, que sin embargo son legendarias. Cuentan que las hizo crecer el dios mapuche Nguenechén y dieron nombre a un pueblo encantado y lleno de montañas, Villa Pehuenia, donde a día de hoy los niños las comen tostadas a diario en las escuelas y sus habitantes siguen preparando los piñones tostados, hasta lograr harina para panes, alfajores y pastas; y hervidos ó fermentados, esta última técnica como base de la producción del muday ó chicha. También se pueden mezclar en un salteado con hongos ó hacerse licor, jalea ó pasta dulce.
Han sido incluso la estrella de algún Festival de Cocina de la Patagonia y algunos chefs argentinos, como Mariano Ramón, se han interesado por ellas para sus creaciones culinarias. Sin embargo, estas maravillosas semillas siguen cayendo en el riesgo de ser olvidadas, como la propia comunidad mapuche, y al mismo tiempo corren peligro de sobreexplotación, debido a la escasez de Araucarias y la lentitud con la que estas crecen. Desde aquí mi pequeño homenaje a la mágica y curativa Araucaria, sus semillas y la comunidad mapuche.

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