Mientras que el sur de Europa abrazó al tomate y cambió profundamente la dieta mediterránea, el norte de Europa rechazó al llamado «melocotón lobo» porque pertenece a la familia de las solanáceas, a menudo venenosas. En Oriente, la controversia continúa: la medicina china dice que sí, que alivian el calor del verano. Ayurveda dice que con precaución, porque estimulan el calor y el deseo y en exceso pueden provocar una acumulación tóxica. Sin embargo, son una adición casi omnipresente en la cocina mundial. ¿Porqué el tomate gusta tanto? Porque son regordetes, jugosos, con un toque de dulzura y madurez. Su acidez rehidrata las glándulas salivales, humedece la boca y estimula las papilas gustativas. Esa fuerte acidez, los hace a la vez estimulantes y acidificantes, e incluso irritantes para algunos. Las personas con inflamación gastrointestinal deben evitarlo. Cuanto más se cocinan los tomates, como en las salsas y los tomates secados al sol, más concentradas y picantes se vuelven estas cualidades irritantes. Una pizca de bicarbonato de sodio en la salsa neutralizará algunos de estos ácidos irritantes, pero también gran parte del sabor. Los tomates crudos refrescan la sangre en los calurosos días de verano. Su alto contenido de vitamina A elimina el calor del hígado y favorece la desintoxicación. Las hojas y los tallos contienen tomatina y solanina, ambas sustancias tóxicas. Por otro lado, los tomates tienen un alto contenido en licopeno, un potente antioxidante y anticancerígeno. También son ricos en vitaminas C y E.