Panificar consiste en hidratar harina de un cereal, para que a través de las levaduras presentes en él, la masa resultante fermente y se llene de burbujas de aire. Después, en el horno, el calor secará la masa y se producirá la magia del pan. La fermentación del pan es un proceso natural y antiguo, que se daba de forma espontánea por las levaduras presentes en los granos y que requiere de tiempo y paciencia. Es con la llegada de la industrialización cuando se busca encontrar otras formas más rápidas de generar aire en el pan y se fabrican las levaduras de forma «artificial». Al principio, se cultivaban en tanques y ya hoy en día, son simples fórmulas químicas que no necesitan ni tiempo, ni agua, para activarse. Son instantáneas. La calidad de tu pan va a depender, por tanto, de la calidad del grano que utilices, del tipo de levadura que uses y por último, del calor que le apliques. Siempre va a salir mejor en un buen horno, pero no es lo importante. Lo vital es que puedas darle tiempo al proceso y usar buenos ingredientes.