Menta

La menta impacta, refresca y adormece, relajando, abriendo y despejando los tejidos. Es penetrante, sutil, clara, etérea, ligera y seca. Dispersa los fluidos y el calor, dejando un efecto refrescante. Su aroma, al inhalarse, llega fácilmente al cerebro. Psicológicamente, la menta piperita inspira, refresca y despierta con una sensación de asombro y liberación. En el cuerpo elimina todo tipo de estancamiento: en el estómago, la sangre, la vesícula biliar, la linfa, los pulmones e incluso las emociones. Se utiliza para eliminar la mucosidad de las vías respiratorias y abrir los senos paranasales. Alivia el dolor de garganta y reduce el enrojecimiento ocular. Esta capacidad despejante, junto con su propiedad diaforética (libera calor a través del sudor), puede aliviar la fiebre en sus primeras etapas y también acelerar la curación de las erupciones cutáneas. Reconocido estomacal para la dispepsia, su naturaleza estimulante es un remedio tradicional para la indigestión. Es carminativo, lo que significa que previene y facilita la liberación de gases. La menta relaja el tejido muscular, especialmente el liso, lo que la convierte en un antiespasmódico útil. Se utiliza para calmar todos los casos de cólicos, incluyendo la peristalsis intestinal cólica, las cefaleas vasoespasmódicas, los broncoespasmos y los espasmos uterinos.