Chía

Fue un alimento básico para las tribus nativas americanas. Tradicionalmente llevaban semillas de chía cuando iban a luchar o cazar, ya que las semillas de chía les daban fuerza y ​​les permitían sentirse más llenos durante períodos de tiempo más largos. Su cultivo quedó relegado tras la llegada de los colonizadores a América. Hoy día, las semillas de chía se encuentran en dos variedades, blanca y negra; ambos con gran valor nutricional y han recorrido un largo camino hasta figurar en la liga de los súper alimentos. Uno de sus mayores superpoderes es ser una semilla hidrófila, es decir, puede absorber 12 veces su peso en agua. Cuando mezclas semillas de chía con agua, se expande y se convierte en una sustancia gelatinosa. Tener este gel de chía en la comida te hace sentir lleno por un período de tiempo más prolongado, aunque no hayas comido una gran cantidad. Es importante tener en cuenta seguir bebiendo suficiente agua después de consumir semillas de chía para permitirles moverse fácilmente por el tracto digestivo. Además, el 95% de las fibras presentes en las semillas de chía son de tipo insoluble, lo que se sabe que reduce el riesgo de diabetes. La sustancia gelatinosa que se forma cuando las semillas de chía se mezclan con líquidos y la fibra presente en ella ayudan a acelerar el tiempo que tardan los alimentos en moverse a través de los intestinos. Ayuda a controlar el estreñimiento y reducir el colesterol malo. Por eso, recuerda siempre consumir las semillas de chía junto con una cantidad considerable de líquido.