Sensual y lujoso, el cacao evoca el deseo y la indulgencia. Calienta el corazón y el abdomen mientras eleva el estado de ánimo, estimula la actividad cerebral y alivia la depresión ya que es rico en cafeína, por eso no ha de combinarse con especias estimulantes. Se usó tradicionalmente durante el embarazo y para inducir el parto, porque despierta los órganos reproductivos, relajando los músculos pélvicos durante el parto y al mismo tiempo traslada la atención de la madre a los músculos del suelo pélvico. El cacao reduce la congestión del pecho al mejorar la circulación en los vasos principales alrededor del corazón y al relajar los espasmos bronquiales, lo que también es útil en el asma. Incluso, se usaba tradicionalmente para tratar la fiebre. Sin embargo, el cacao es difícil de digerir y no se recomienda su consumo excesivo. Para digerirlo mejor, se puede acompañar de jengibre y evita el pico de excitación sumando almendras y sal, para equilibrarlo.